En este rico idioma nuestro, hay una expresión muy antigua que viene a decir "No mezcles churras con merinas". Tanto las churras como las merinas son dos tipos de ovejas que una vez se entremezclan es muy complicado distinguirlas, de ahí el significado de la frase. Significado por otro lado que debería recordar el bueno de Javier Sierra para su próximo libro, porque para su El Maestro del Prado ya es quizás demasiado tarde.
Que conste señor juez que admiro a Javier Sierra, y lo sigo desde hace ya años en su trabajo, tanto como periodista de investigación y colaborador de Milenio 3 como en su faceta de escritor, pero este es el segundo palo que le doy en este mi blog. Dos de dos, pero es lo que hay. Espero que sus futuras obras logren despertar algo más de entusiasmo de este humilde bloguero, porque con las dos más recientes está lejos de conseguirlo.
Partiendo de una idea original, Sierra nos lleva a explorar el mundo oculto del arte de la pintura a través de un misterioso personaje que hará de profesor improvisado, y de él mismo como un estudiante inquieto en sus años mozos. Pues bien, a partir de ahí se acaba lo que es la novela en sí, y empieza una retahíla de datos, fechas, nombres, Papas, Cardenales, Reyes, Pintores, Sectas y teorías apocalípticas que harán imposible seguir la historia ni al más versado en historia del arte, y por supuesto incapaz de mantener el más mínimo interés para un lector del montón, un lector normal que busque lo que uno busca al leer una novela y que aquí no halla por ningún lado. Ni historia, ni nudo, ni desarrollo ni siquiera un final atractivo. Sólo datos, datos y más datos. Ya puestos mejor me leo una enciclopedia.
Es curioso que un libro tan corto te resulte tan difícil de terminar. Al leerlo en dos días distintos tienes que hacer un esfuerzo sobrehumano para enlazar de nuevo la trama y es casi imposible seguir la cadencia de noticias y apuntes, y relacionarlas con la parte ya leída. En realidad estamos ante un galimatías que rozaría el aprobado como ensayo, pero que como novela es aún peor que El ángel caído (que ya es decir).
Los jóvenes de hoy en día saben poco de campo y mucho menos de ovejas. Por eso la expresión que ilustra el primer párrafo de este post ha evolucionado a "no mezclar churros con Meninas". En todo caso, su significado no varía, y bien hará Javier Sierra en no querer fundir una novela con un tomo enciclopédico porque creo que no conseguirá atracar en buen puerto. Mi modesta opinión es que escriba una trama interesante a partir de un puñado de datos solamente, y a ser posible con algo más de calidad narrativa. Y si no, pues que se dedique a escribir artículos o ensayos porque nadie le niega su gran capacidad de documentación e investigación. En definitiva, mejor dejar cada cosa por su lado, el típico desayuno español de los domingos por uno, y el cuadro más famoso de Velázquez por otro. Cuadro que, dicho sea de paso, esta en El Prado.























