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jueves, 4 de abril de 2013

De churros y Meninas

 
   En este rico idioma nuestro, hay una expresión muy antigua que viene a decir "No mezcles churras con merinas". Tanto las churras como las merinas son dos tipos de ovejas que una vez se entremezclan es muy complicado distinguirlas, de ahí el significado de la frase. Significado por otro lado que debería recordar el bueno de Javier Sierra para su próximo libro, porque para su El Maestro del Prado ya es quizás demasiado tarde.
 
 
   Que conste señor juez que admiro a Javier Sierra, y lo sigo desde hace ya años en su trabajo, tanto como periodista de investigación y colaborador de Milenio 3 como en su faceta de escritor, pero este es el segundo palo que le doy en este mi blog. Dos de dos, pero es lo que hay. Espero que sus futuras obras logren despertar algo más de entusiasmo de este humilde bloguero, porque con las dos más recientes está lejos de conseguirlo.

   Partiendo de una idea original, Sierra nos lleva a explorar el mundo oculto del arte de la pintura a través de un misterioso personaje que hará de profesor improvisado, y de él mismo como un estudiante inquieto en sus años mozos. Pues bien, a partir de ahí se acaba lo que es la novela en sí, y empieza una retahíla de datos, fechas, nombres, Papas, Cardenales, Reyes, Pintores, Sectas y teorías apocalípticas que harán imposible seguir la historia ni al más versado en historia del arte, y por supuesto incapaz de mantener el más mínimo interés para un lector del montón, un lector normal que busque lo que uno busca al leer una novela y que aquí no halla por ningún lado. Ni historia, ni nudo, ni desarrollo ni siquiera un final atractivo. Sólo datos, datos y más datos. Ya puestos mejor me leo una enciclopedia.

   Es curioso que un libro tan corto te resulte tan difícil de terminar. Al leerlo en dos días distintos tienes que hacer un esfuerzo sobrehumano para enlazar de nuevo la trama y es casi imposible seguir la cadencia de noticias y apuntes, y relacionarlas con la parte ya leída. En realidad estamos ante un galimatías que rozaría el aprobado como ensayo, pero que como novela es aún peor que El ángel caído (que ya es decir).
 

   Los jóvenes de hoy en día saben poco de campo y mucho menos de ovejas. Por eso la expresión que ilustra el primer párrafo de este post ha evolucionado a "no mezclar churros con Meninas". En todo caso, su significado no varía, y bien hará Javier Sierra en no querer fundir una novela con un tomo enciclopédico porque creo que no conseguirá atracar en buen puerto. Mi modesta opinión es que escriba una trama interesante a partir de un puñado de datos solamente, y a ser posible con algo más de calidad narrativa. Y si no, pues que se dedique a escribir artículos o ensayos porque nadie le niega su gran capacidad de documentación e investigación. En definitiva, mejor dejar cada cosa por su lado, el típico desayuno español de los domingos por uno, y el cuadro más famoso de Velázquez por otro. Cuadro que, dicho sea de paso, esta en El Prado.
 

jueves, 14 de marzo de 2013

Y Confucio se confundió


   Basado en la existencia de un personaje que existió realmente, El lector de cadáveres narra las desventuras del joven Cí Song, quién deberá superar toda clase de infortunios que el destino tiene reservado para él (otro con el síndrome Peter Parker) para llegar a convertirse en el primer forense de la historia del que se tiene constancia. Su autor, Antonio Garrido, un desconocido para mí, ha conseguido aunar en su novela varios subgéneros a la vez dando como resultado una historia que no defraudará al lector que se deje seducir por sus páginas.
 
 

   Los pilares en los que se sustenta El lector de Cadáveres para ser una genial novela son tres a mi juicio. En principio debo de quitarme el sombrero ante el gran trabajo de documentación y la maravillosa recreación histórica que Garrido hace de la China medieval del siglo XIII. No es fácil escribir una historia encuadrándola en la China milenaria, y la falta de precedentes es un claro ejemplo. Sin embargo, se nota que la recreación fiel de la época era muy importante para el autor andaluz y que ha puesto especial cuidado para que el contexto social, político y religioso del momento queden perfectamente retratados en el libro. La dureza de las leyes confucianas (que hoy veríamos como autenticas atrocidades), las costumbres de la época como la de vendar los pies de las mujeres para volverlos mas pequeños, te transportan, como un personaje mas, a una periodo tan desconocido como fascinante. Garrido ha comentado que visitó la Embajada China, varios museos, consultó manuscritos antiguos que hablaban de la figura del verdadero e incluso que asistió a una autopsia in situ para experimentar en primera persona lo que se siente. Es de agradecer por el lector tanta dedicación y tanto trabajo adyacente por parte de un novelista para que su obra resulte lo más satisfactoria posible.

   En segundo lugar destacaría la perfecta unión de géneros en una misma novela. Podemos catalogar la como novela histórica, policíaca o negra, de aventuras o incluso de picaresca si me lo permitís. No obstante, es cierto que la historia se puede dividir en varias fases bien diferenciadas, pero en general estas fases se entremezclan una con otras o se funden entre sí tan delicadamente, que no nos resultará demasiado brusco el cambio de escenario. En este apartado es cuando podemos apreciar claras influencias externas al autor, como la de Patrick Rothfuss o Noah Gordon que sin embargo no enturbian en absoluto el estilo propio de Garrido.
 
 

   Por ultimo hay que destacar el ritmo tan intenso de la novela. Prácticamente te sumerge en la historia desde el primer capítulo y ya no te suelta hasta el final. Muchos quieren ver en este rasgo una característica de novela "comercial" (por no llamarla mala) muy al estilo de Dan Brown o Javier Sierra. Es decir, esas historias que te abducen en su lectura de manera irresistible, pero que en esencia están vacías o carentes de mensaje y calidad literaria. Garrido demuestra que se puede escribir una obra de calidad y que a su vez resulte cercana, fácil de leer y entretenida a más no poder.

   Como parte negativa o por poner algún pero, que siempre hay que ponerlo, diría que el diseño de algunos personajes no resulta todo lo deseable que pudiera, como en el caso de la hermana del protagonista. También hay que mencionar la exageración del "karma" de los protagonistas, donde se nos presenta al bueno como muy bueno (casi un santo varón) y a los malos como muy malos. Quizás en la realidad, esos límites no estén tan marcados, y exista un poco de maldad en el bueno, esa cultura del Ying/Yang precisamente tan de aquella parte del mundo.
 
 

   En definitiva, estamos ante una gran novela que nos hará disfrutar a pesar de Confucio y sus leyes confucianas, quién nadie en su sano juicio se atrevería a contravenirlas, pero seguramente tenga esa chispa de locura necesaria para plantearse si Confucio se confundió.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Se acerca el invierno..

 
   Con El invierno del mundo, Kent Follet continúa repasando la historia del siglo XX en su trilogía The Century. Tras los acontecimientos ocurridos en la primera entrega (La caída de los gigantes) eran muchas las personas, incluida yo, que esperábamos con cierta ansiedad la salida de esta continuación, sabiendo de antemano que la época que cubriría fue crucial para la historia del ser humano y que la pluma del galés la recrea como nadie.
 

   La novela se desarrollara en los 16 años que van desde el imparable ascenso del nazismo en Alemania y Europa (1933), hasta el comienzo de la Guerra Fria (1949). En medio como ya imaginarán hallaremos referencias a acontecimientos que cambiaron el curso de la historia como el ataque a Pearl Harbor, El día D o la creación y posterior uso de la bomba atómica. El lector se hará una idea bastante aproximada del contexto social y político de la Europa de aquellos años (incluida España y su guerra civil), América y la URSS, a través de las peripecias de cinco familias distintas. Los héroes en esta ocasión son los hijos de los protagonistas de la novela precedente, que participarán de manera más o menos relevante en los grandes sucesos que acaecerán en este período tan negro para el hombre. Entremezclado con la trama histórica, el autor nos relatará la vida amorosa de estos personajes, con sus pasiones, decepciones, sus dramas y sus sueños. Política, espionaje, amor, pasión, traición, muerte, heroísmo.. todos ellos ingredientes que suelen estar en los platos que prepara el chef Follet, quién no gusta de experimentos inusitados.

   No obstante, en la receta se encuentra tanto la chispa del éxito comercial del galés, como la raíz de su principal handicap: la excesiva reiteración en sus obras. Y es que son demasiadas novelas donde el esqueleto, su estructura, la raspa que queda tras quitarle la piel que lo cubre, es siempre el mismo. Este esquema tan manido le es muy útil para seguir siendo un top en best seller, pero también cansa a una parte importante de sus lectores, en los que me incluyo, por reincidente.
 
 
   En esta ocasión no recomendaré el libro, sino que dejaré a cada uno que se forme su propia idea del mismo leyendo mi post, o mejor aún, el libro en sí (aviso que vuelven a ser casi 1000 páginas..). Lo último de Follet aúna un extraordinario conocimiento histórico y una sensacional documentación de la época, con una trama algo insulsa, infantil en ocasiones y que no llega nunca a sorprender al lector al estar sujeta a los acontecimientos reales de la historia. Sin embargo, en el título, el escritor británico usa la palabra invierno para calificar a este periodo tan oscuro de nuestra biografía, donde vemos como ideologías tan deleznables como el nazismo hitleriano triunfa en una sociedad donde no se cubren las necesidades básicas del ser humano, y aparecen factores como el hambre, el desempleo o la inseguridad. En la Grecia actual, el partido neonazi Amanecer Dorado ha conseguido entrar por primera vez en el parlamento con 21 escaños (un 7% de los votos totales) aprovechando la precariedad a la que se ve sumida la población helena. Existe un claro paralelismo con el ascenso de Hitler al poder en la frágil Alemania de la postguerra. ¿Está el bueno de Kent dando un serio aviso para que no volvamos a tropezar de nuevo en la misma piedra? Esperemos que no tengamos que parafrasear a Ned Stark al decir aquello de Se acerca el invierno.
 

sábado, 7 de julio de 2012

¿Los ángeles tienen sangre?

  
   Con Eterna, Guillermo del Toro y Chuck Hogan ponen punto final a la una Trilogía de la Oscuridad, una visión apocalíptica vampírica del mundo que empezara allá en el 2009 con Nocturna. Si la primera novela supuso un soplo de aire fresco al género, entremezclando el terror clásico con el thriller pseudocientífico, la continuación con Oscura fue una tremenda decepción. Simplemente no mantuvo el nivel de su predecesora, sino que se limitó a contar una historia algo banal, de la que sólo los flashback despertaban algo de interés, y dejó a las claras que esta historia podía haberse contado perfectamente en dos entregas. En la culminación de la saga, con Eterna, podríamos decir que el interés por la trama renace, aunque tampoco de una forma exagerada. La proximidad del final, que se antoja bastante previsible, hace que sigas leyendo el libro, pero sinceramente son pocos los alicientes que esta parte de la novela despierta en el lector. Es como si la trilogía del oscarizado director fuese una montaña rusa, con continuas subidas y bajadas de nivel, o más bien como una etapa ciclista que empezara con un puerto de categoría especial, continuara con unas decenas de kilómetros llanos y terminara en un puerto de segunda categoría.



   Si en Nocturna se intuía un claro homenaje a Drácula de Stoker (la llegada con el avión vacío, la figura de Setrakian, etc..) y Oscura naufragaba en un mar revuelto de datos confusos mientras nos contaban la existencia de un libro antiquísimo que podría ser la llave del triunfo sobre los vampiros (llamado el Occido Lumen), en Eterna el factor vampírico se diluye casi por completo como un azucarillo en el café. Prácticamente da la impresión que es una novela sobre la ocupación nazi y la resistencia francesa. Un mundo controlado por los chupasangres pero con una organización de la que estaría orgulloso el mismísimo Goebbels. Campos de concentración, toques de queda, traidores a la causa, guerra de guerrillas... todo hace recordar al período más negro de la historia de la humanidad, y si no fuese porque de vez en cuando hay alguna decapitación con espadas de plata o episodios telepáticos protagonizados por el Amo, nos olvidaríamos por completo que estamos ante una obra de terror sobre vampiros.



   Pero también hay detalles para la esperanza en esta trilogía. Si una cosa está clara es que Del Toro sigue brillando por su creatividad y su imaginación desbordante. La capacidad de trazar una trama tan compleja, con personajes tan profundos y carismáticos, hacen que brille un llama de optimismo para las próximas incursiones del director de cine en el mundo de la literatura. El fallo a mi modo de ver, es que no ha encontrado un ritmo constante, pues ha habido partes en la trilogía verdaderamente soporíferas y otras en cambio adrenalínicas. No es sencillo para un autor "novel" encajar una trama de terror clásico, con matices científicos, datos históricos y referencias religiosas. Si se nos quería presentar a los vampiros como los dueños de nuestras pesadillas, como seres maléficos y sangrientos, primitivos y demoníacos, no pueden transformarlos a posteriori como unos seres cuyo objetivo final es el mismo que el malo de turno de una pelicula de James Bond: controlar el mundo.

   Sirvan estas palabras para estimular a Del Toro a mejorar o pulir sus futuras obras. Puede que sea quizás demasiado estricto o severo, pero es que las expectativas que levantó en mi Nocturna no se han visto cumplidas después. La historia en sí no me desagrada, y veo potencial en el para ser un gran escritor, al igual que la demuestra detrás de la cámara. De la crítica constructiva se crece, se sale fortalecido o se rebela ante ella si se es inconformista. Así lo hicieron muchos, incluso Oziriel ante su dios, porque... ¿tienen sangre los ángeles?

miércoles, 7 de marzo de 2012

Estos muertos están muy vivos

  
   Dice una famosa cita "dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada", pero los protagonistas de la magnífica trilogía Los Caminantes, darían cualquier cosa que le pidieran por ser invidentes y no ver todo el horror que se les viene encima cuando Carlos Sisí traslada a Granada (más concretamente a La Alhambra) el epílogo de su apocalipsis zombi. Con Hades Nébula, título de esta tercera entrega, el círculo se cierra, para fastidio de todos sus fans y para alivio de todos los supervivientes a la pandemia.



   La tercera parte de las desventuras de los caminantes, es sin duda la mejor de todas. Contiene en sus páginas la dosis justa de terror, tensión, amor y suspense para que el lector se vea prácticamente impotente para soltar el libro y dejar de leer. Hallaremos sorpresas como encontrarnos con algún personaje que creíamos perdido y con otros con los que sinceramente no desearíamos volver a toparnos. Habrá bajas, alguna de ellas de relumbrón, pero necesarias para dotar de cierta credibilidad a la historia. También encontraremos historias paralelas que enriquecerán la obra (como el avecren) y pequeños homenajes o guiños que el autor se permite (como una clara alusión al ghetto judío en tiempos de la segunda gran guerra o la muerte de uno de los protagonistas que por su raza no pudo elegir mejor sitio para dejarnos). Pero sin duda, lo mejor que tiene esta tercera entrega es que responde a todos los interrogantes que se habían planteado en las anteriores. Conoceremos el origen de la pandemia y del virus Necrosum, el porqué de su creación y como se propagó, sabremos que pasaba en el resto del país y del mundo y desvelaremos algunos detalles del pasado de los personajes principales. Este detalle, aunque pueda parecer nimio, es sin duda de vital importancia para hacer una trilogía, más aún cuando en principio no estaba concebida como tal, sino como una novela en singular. Los que siguieran la serie Lost como yo, me comprenderán mejor, pero no puedo más que felicitar a Sisí por saber completar la trilogía sin prácticamente fisuras en la que no se baja el ritmo en ningún momento.

   Si en la primera aventura los zombis se presentaban como el enemigo principal, en la segunda el autor nos presentaba a otro nuevo adversario insospechado: la crueldad humana. En Hades Nébula quizás podamos ver una versión mixta, pues los zombis siguen representando su papel y los militares en esta ocasión interpretan la cara oculta del ser humano. Pero el gran tesoro que esconde la obra opera prima de Sisí es la creación de un villano como el Padre Isidro. Al igual de detrás de cada gran hombre, hay una gran mujer, detrás de cada gran escritor hay un gran personaje y este es el párroco malagueño. Isidro reúne todas las características para pasar a la inmortalidad como uno de los grandes villanos de la literatura de todos los tiempos.



   Quizás algunos lectores puedan pensar que hay que estirar la gallina de los huevos de oro, y que es una pena que Sisí no nos deleite con más entregas de Los Caminantes. Yo mismo no puedo negar que desearía leer más y que el gusanillo de ver nuevas aventuras y correrías de los zombis habita en mí, pero pensando fríamente creo que el bueno de Carlos hace bien en dedicarse a otros proyectos, porque no es bueno encasillarse ni vivir de las rentas. Aunque una cosa no quita la otra, y no sería desdeñable que en un futuro los caminantes se alzarán nuevamente de entre los muertos para volver a darnos un susto.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Entre los hombres siempre serás un extraño

  
   Ya sea en el cine, en la literatura, en los cómics o en los videojuegos, la figura del antihéroe siempre va ligada al éxito. Hoy en día la figura del héroe de gran corazón y motivaciones loables está en franca decadencia. Se lleva más el arqueotipo de héroe oscuro cuyas hazañas no son del todo altruistas. Ejemplos tenemos a miles, desde Don Quijote o El Lazarillo de Tormes en los libros, a Jack Sparrow, John McClane o al mismo Vegeta en la pantalla. Punto y aparte merecen la figura de los vampiros, representantes antaño del terror más ancestral han sufrido una transformación Kafkiana y han pasado a ser los antihéroes por excelencia. Ellos tardaron siglos pues cuentan con el don de la inmortalidad, los zombis han tardado mucho menos. Hoy os traigo otra novela del fenómeno zombi que tanto ha aflorado en la sociedad española desde hace un tiempo, pero no se trata de una novela al uso, ni siquiera puede catalogarse de una obra de terror. Hablamos de Diario de un zombi, de Sergi Llauger.


   Cuando uno es un autor novel debe de apostar sobre seguro para que su primer libro cale y suponga el empujón o impulso para la llegada de muchos otros. En este caso, Sergi usa un método no tan original, pero que siempre resulta efectivo: la visión del monstruo. El punto de vista del villano representa una óptica que siempre depara esa disyuntiva moral de marcar los límites de la difusa línea entre el bien y el mal. Es fácil hacerlo cuando se trata de un vampiro o un gángster renegado con sentimientos, el problema radica en hacerlo con un zombi, una criatura que carece de alma y consciencia, sólo controlada por su instinto.

   Erico Lombardo es un joven que como la gran mayoría de la población mundial ha sucumbido a la pandemia zombi. Sin embargo, Erico es único en su idiosincracia pues por motivos que no desvelaré ha conservado la capacidad de pensar, razonar, recordar y soñar. Como el propio personaje reconoce a lo largo de la novela, tiene lo peor de los dos bandos: por un lado está muerto fisiológicamente hablando y por el otro conserva la psique intacta. Esta curiosa circunstancia hace que Erico sea un ser neutral, un zombi pero con espíritu humano, un ser humano pero inerte o, como diría Nietzche, un extraño entre sus semejantes. En tiempos del Apocalipsis, Erico intenta llevarlo de la mejor manera posible. Se agencia un buen apartamento, va al cine o de compras a las más lujosas boutiques y se alimenta de insectos o animales. Sin embargo, en medio de toda esta vorágine de destrucción y muerte, conocerá a una niña que lo cambiará todo, tanto a él como al futuro negro que se presagia para la humanidad. Juntos emprenderán un viaje de supervivencia y de crecimiento personal, sobretodo para Erico, que descubrirá que aunque carece de glándulas para procesos fisiológicos su capacidad para sentir, su humanidad que creía perdida el día que se transformó volverá a refluir en él. Una evolución que es el epicentro de la novela y que postula una capacidad para desarrollar sentimientos no basada en lo visceral o procesos biológicos, sino puramente espiritual, como un principio innato y universal que existe en cada unos de nosotros.





   Técnicamente se nota que la bisoñez del autor. Los primeros capítulos no son lo mejor de la novela por así decirlo, aunque después se puede justificar con la idea de que es el propio Erico, sin formación alguna, el que escribe el texto en teoría. No obstante, no puedo obviar que el humor también es una constante en la obra (quizás de más a menos) y esto convierte el texto en apto para toda clase de públicos. Descubrimos también algún guiñó a los clásicos del género y algún que otro tópico, como presentar a algunos supervivientes como los verdaderos villanos de la novela. Ese cliché de que las personas pueden desarrollar toda su maldad en situaciones límite vuelve a ser patente, tocando disimuladamente otros aspectos más ásperos como pueden ser el racismo, o los prejuicios. A todo esto debemos de sumarle un final con una parte abierta como todo relato con un antihéroe debe tener.

   Es interesante la variable que introduce Sergi de desvelar poco a poco el pasado de Erico, esa vida que vivió antes de convertirse en un caminante. Nos sirve no sólo para encontrar un origen a la evolución de Erico, sino que también nos hace reflexionar sobre temas tan recurrentes como el Destino, Dios o el Karma. Descubriremos que Erico padece lo que yo denomino "El Síndrome de Peter Parker" que viene a ser que le cada vez que parece que las cosas le empiezan a ir bien le ocurre alguna desgracia. Sin embargo puede que a pesar de todo, el bueno de Erico sea un elegido, un protegido. Reune todas las cualidades para ser el guardaespaldas perfecto de la única criatura que puede rescatar al mundo de su incipiente final. No tiene que dormir, no siente dolor, puede detectar a tanto a los humanos como a los zombis por lo que puede evitarlos y sobretodo no puede morir pues ya está muerto. La pregunta no obstante que se planteará Erico a lo largo de sus peripecias y el mismo lector al avanzar las páginas es ¿Merecen los hombres una segunda oportunidad?


domingo, 28 de agosto de 2011

Gurney larger than life

  
   Ya predije que el recorrido del detective retirado David Gurney distaba mucho de terminar con su primera novela. Su brillante mente y la compleja relación con su mujer Madeleine hacían presagiar que el retiro del ex policía era sumamente anecdótico. John Verdon, que debutara en el mundo literario con Sé lo que estás pensado, vuelve ahora para consagrarse como gran escritor del género negro por excelencia. Su segunda obra, No abras los ojos, y protagonizada también por el incombustible Gurney supera con creces a su predecesora, mostrando a unos protagonistas más humanos y a un escritor con un estilo mucho más definido y maduro.



   En las obras protagonizadas por Gurney (dos hasta la fecha) se observa un claro matiz, una constante que sin duda resulta un gancho efectivo para el lector. Si en el primero de los libros hablábamos del título y la portada, dónde se intuía que el asesino o villano de turno tenía el don de leer el pensamiento, en esta ocasión no es tanto la portada en sí como la contraportada, en la que la pequeña sinopsis atrapa al lector con el morbo y la promesa de una historia aún más retorcida que comienza con la decapitación de una novia el mismo día de su boda. Además, a medida que avanzas en la historia, sus villanos ingeniosos tienen un pasado, un trauma, una historia que les hace ser cómo son. Si en su primera aventura, el trasfondo de alcoholismo tuvo mucho que ver la trama, en esta el oscuro suburbio del sexo y los abusos a menores serán un pilar fundamental de la misma.

   Otro rasgo característico es el método que usa Gurney para resolver los casos. Fiel al estilo de Miss Marple, reconstruye el caso como si fuera un rompecabezas e intenta ir encajando las piezas hasta que el puzzle tenga sentido. Parte de una base imposible, de un escenario de un crimen dónde parece claro lo que ha sucedido pero esto no tiene explicación coherente alguna. Sobran piezas, o faltan algunas que diría el detective, y este método tan particular de resolver los más complejos casos desde su retiro en su casa de campo (curiosamente igual que el autor) le da cierto carisma al personaje para perpetuarse en futuras obras. En medio de todo esto, tenemos la tortuosa relación con su mujer, con quién se enfrasca asiduamente en arduas discusiones que suponen el blanco y el negro, el ying/yang de la historia.



   Esta novela que curiosamente se publica en España antes que en Estado Unidos, consagra tanto a Verdon como uno de los mejores escritores contemporáneos en su género y a Gurney como uno de los protagonistas más prometedores del momento. Un viento de aire fresco, al que no se le vislumbra fin, pues se trabaja ya en una tercera parte y se intuye que ésta tampoco será la última. Resumiendo, el libro es entretenido, bien estructurado, con una buena historia y que engancha desde el primer capítulo. Peca de ser algo predecible como sucedía también en su aventura previa, pero se le perdona por la perfecta fusión que hace Verdon de la vida profesional con la vida personal de su persona,je, dejando muy claro que el bueno de Gurney se desenvuelve mejor en una que en la otra.


miércoles, 10 de agosto de 2011

jueves, 28 de julio de 2011

Otro Mundo Feliz...

  
   Tengo bastante claro que la mejor forma de descubrir una gran novela es a través del boca a boca. Hay autores o editoriales que tienen gran repercusión a nivel mundial y sus lanzamientos se ven acompañados de grandísimas campañas publicitarias hablándonos de la exquisitez de sus obras. Sin embargo, raramente su éxito se puede parangonar al de aquél título desconocido que llegó a tus manos gracias a la alabanza de una amigo y que despertaría posteriormente las mismas sensaciones en ti. Así es como descubrí La Chica Mecánica, de Paolo Bacigalupi. No se engañen, aunque ha ganado multitud de premios (Hugo, Nébula, Locus, etc) se trata de un auténtico diamante oculto, que no verán en los escaparates de los grandes almacenes, pero que sí son la joya más preciada de los aparadores de las pequeñas librerías con encanto.




   Catalogarla dentro de un género, resulta sumamente sencillo y complejo a la vez. Es obvio que estamos ante una obra de ciencia ficción, ambientada en el siglo XXII, pero no es una novela al uso. El autor plantea desde el inicio un futuro apocalíptico desde una perspectiva inusual. Por un lado, nos muestra un futuro aterrador a la par que posible, dónde la humanidad ha sufrido varias plagas alimentarias que casi han acabado con la agricultura, la vida vegetal y sus frutos. Y a esto hay que sumar el calentamiento global, el agotamiento de los combustibles fósiles, la violencia racial y religiosa, el radicalismo político, la investigación genética o la continua lucha por el poder económico. Nada nuevo bajo el Sol, hasta que encuentras un trasfondo escondido a toda esta tela de araña, a todo este caos al que Bacigalupi conduce a la humanidad. Se trata de una reflexión, una moraleja muy al estilo de Aldous Huxley, un mensaje romántico dentro de una barahúnda comercial. Bacigalupi nos muestra casi ochenta años después de la obra de Huxley, otra versión de su mundo feliz.




   Situada la acción Krung Thep (Bangkok), capital de Tailandia que sobrevive a duras penas aislándose del resto del mundo. Entre la espada y la pared cada vez que se acerca el Monzón por la crecida del nivel del mar, la ciudad se dibuja como una selva dónde cada especie lucha por su supervivencia. Conoceremos a los distintos personajes que protagonizan la historia, y que a medida que nos familiaricemos con ellos, lograremos comprender los sucesos del pasado, el cómo y el por qué el planeta ha llegado a esta situación de catástrofe, dónde la muerte, la hambruna y la miseria reinan en todos los rincones del mundo. Los personajes son todos muy distintos entre sí y con objetivos muy bien diferenciados, pero el desarrollo de la historia deja bien claro que en esta novela no hay buenos ni malos, y que depende de que personaje logre captar mejor tu sensibilidad optarás por un bando u otro. Se borra el límite establecido del Bien y del Mal, la ética es una palabra extinguida y lo único importante es salir adelante, vivir un día más.




   El lenguaje que usa el autor es muy complicado de asimilar hasta que llevas leído bastantes capítulos. La jerga tecnológica y las palabras de la lengua oriunda son recurrentes en la historia, lo que la convierte el una novela de difícil lectura que hay que leer despacio, saboreando cada página como los buenos vinos (para quién le guste el vino claro está...). Esto unido al hecho de que la historia empieza sin que el lector tenga conciencia de los hechos que han llevado a esta situación, hace que los primeros capítulos resulten algo tediosos. No obstante, las piezas van encajando, poco a poco eso sí, y casi sin darnos cuenta nos vemos embarcados en un thriller intenso, con tintes socio políticos y económicos al más puro estilo Le Carrè en su Jardinero Fiel. Sólo que en el futuro ideado por Bacigalupi, las industrias farmacológicas han sido sustituidas por las grandes multinacionales de fabricación de semillas, los piratas informáticos por piratas genéticos y los militares especuladores ansiosos de poder por militares especuladores ansiosos de poder.



   En medio de toda esta oda al ecologismo salpidaca por rivalidades políticas, racismo, masacres y espías, está Emiko. Una chica mecánica, un neoser surgido a partir de la manipulación genética que busca su sitio en este mundo. Son creados para servir y obedecer, para algunos un juguete, para otros un engendro sin ánima. Un esclavo fiel o un máquina perfecta de matar en potencia. Emiko es abandonada a su suerte en una tierra dónde los neoseres son escoria y no duran vivos mucho tiempo. Ella está genéticamente diseñada para la sumisión, son hermosos, las enfermedades no les afectan, son muy rápidos en sus movimientos bajo tensión y viven mucho más tiempo. Pero quizás esta hija de laboratorio tenga más de humana que sus congéneres naturales y encuentre su alma en su desesperada huida de Krung Thep, que en su lengua natal significa cuidad de ángeles y que en la novela resulta más bien una ciudad de ángeles y demonios.


miércoles, 6 de julio de 2011

El Alcalde del crimen


   Resulta curioso que un autor oriundo de Jaén y residente en Madrid, haya escrito la mejor novela histórica sobre Sevilla, El Alcalde del crimen. Y no le ha debido resultar fácil, pues la época elegida, finales del siglo XVIII no es un período muy tratado por la literatura actual. Sin embargo, Francisco Balbuena ha sabido trazar una trama interesante para el lector, propia de novela negra e intriga, en un lienzo histórico convulso y que enriquece la historia hasta el punto de que es ésta parte histórica la que le da el auténtico sabor a éxito.



   Año 1776, nos encontramos en Sevilla, la segunda ciudad más poblada del reino. Sin embargo, la ciudad hispalense ha perdido todo el esplendor que luciera en los siglos XVI y XVII gracias al tráfico marítimo con Las Indias en favor de una emergente Cádiz. La liberal capital gaditana acuna las nuevas ideas que van surgiendo en Europa, mientras que Sevilla sigue sometida al yugo del Santo Oficio, sumida en un período de oscurantismo, superstición y regresión. En estas, que empiezan a sucederse una serie de asesinatos con un patrón similar: todos son miembros del clero, con un pasado escabroso y que cuyos cadáveres aparecen decapitados en edificios significativos de la ciudad. Pablo de Olavide, gerente de la corona en la ciudad encarga la resolución del caso a un joven Gaspar de Jovellanos, que ejercía de policía y fiscal de la ciudad, un título que por entonces se denominaba Alcalde del crimen.



   Lo más destacable de la obra de Balbuena como ya he dejado entrever, es la magnífica recreación que hace de la época. Prácticamente describe al detalle los edificios emblemáticos de la ciudad, su entramados de calles y sus más recónditos recovecos. Se nos representa a una población con vida propia, movida por unas ideas atrasadas, basadas en el miedo y en sus creencias ancestrales. Otro acierto, son los personajes que protagonizan la novela. Básicamente son Jovellanos y un joven inglés llamado Twiss, que compartirán la aventura pero desde perspectivas diferentes y con objetivos distintos. Mientras que Jovellanos representa la ilustración, es estudioso y legal, Twiss es un aventurero curtido en mil desafíos y hombre de acción (un poco a lo Sherlock y Watson). El primero se basa en su reflexión para tratar de esclarecer los crímenes, mientras que el segundo es más empírico (propio de los ingleses) y prefiere usar la práctica y las pruebas que pueden ir encontrándose. Ambos forman una mezcla útil y que funciona a pesar de sus diferencias y de ser en ocasiones polos opuestos, engendrando una amistad con lazos irrompibles. También habrá sitio en la novela para el amor, de hecho cada protagonista tendrá un romance siendo estos al igual que sus personalidades, muy distintos entre sí, pero extraordinariamente semejantes por la imposibilidad de materializarlos. Los demás personajes secundarios que conforman el elenco enriquecen de forma magistral la historia, pues encontramos desde los aristócratas remilgados, a huérfanos picarescos, médicos extravagantes y visionarios, secuaces sombríos e inquisidores pragmáticos e implacables.



   La novela es muy larga (más de 600 páginas) y por ello el ritmo tiene claros altibajos de tensión que pueden hacer que el lector pierda el interés durante algún capítulo. La alocada persecución del asesino se torna a veces poco convincente, pues la sublime inteligencia del interfector (así llaman al asesino en la novela) roza lo paranormal. Prácticamente todos sus planes se ejecutan a la perfección y se puede decir que prevé con mucha anterioridad cualquier imprevisto y la reacción de sus perseguidores. No obstante, es algo bastante común en este tipo de literatura presentar a una mente criminal tan sublime que atraparla representa todo un desafío. Otro dato que cuenta a favor, es que la trama resulta demasiado enrevesada y compleja, con una enorme cantidad de sospechosos e implicados, una lista casi interminable de víctimas que daría para rellenar un obituario y un engorroso marco histórico alrededor de la investigación dónde se está luchando a muerte entre el Santo Oficio y el Siglo de las Luces.


viernes, 1 de julio de 2011

Furia riojana contra magia arcana

  
   Ya he podido hacerme con la última aventura de mi superhéroe favoritos: Pafman. Es indignante el trato que Ediciones B está dando a este serie, con el enésimo cambio de formato, tamaño y estilo del álbum. Este "Pafman en la Tierra Mediocre", que en realidad sería el volumen número 9 de las aventuras del cabestro riojano desde su redevuelta, se nos presenta ahora en reducido tamaño cuartilla, en blanco y negro y bajo la etiqueta de Crónicas de Pafman nº 1. Esperemos que al menos esa nueva denominación y numeración asegure al menos la continuidad del mejor cómic de estilo brugueriano que podemos disfrutar hoy en día en el país.



   En cuanto a la historia, Pafman se ve teletransportado a un mundo paralelo de fantasía épica por compotronizar el retrotractor catalítico cuando lo que tenía que hacer era retrotraer el catalizador compotrónico. Allí, entre infinitud de gags de humor absurdo típico de Cera, vivirá trepidantes aventuras para conseguir liberar aquella tierra del mal que la asola y al mismo tiempo poder regresar a casa. No faltarán los guiños en plan humorístico de la saga del Señor de los Anillos, de los cada vez más familiares juegos de rol y otras soserías. Encontraremos Orcos a puñados, Elfos poco espabilaos, ladrones, truhanes, magos que necesitan de una puntuación alta de sus dados para hacer hechizos, oráculos, dragones, batallas memorables con la clásica harenga, etc. Además no faltarán a la cita los personajes clásicos que acompañan a nuestro héroe como Pafcat, Tina, el profesor Fuyú, El Enmascarado Negro o el mismísimo y polifacético Mafrune que lo mismo es rey, que soldado o capitán de brigada.


   En cuanto al nuevo lavado de cara, con dibujos a tinta y en blanco y negro, la verdad es que la calidad del cómic hace que pase desapercibido tras la segunda página. Los diseños de los paisajes son de los mejores que Cera ha hecho nunca y aunque el guión no esté tan logrado como en otros títulos anteriores (es muy difícil llegar al nivel de Pafman 1944) se trata de una obra totalmente recomendable para los amantes del tebeo clásico español. Las risas están garantizadas, así que desde este humilde blog de un fan aférrimo gritamos aquello de ¡Larga vida a Pafman!... aunque vayamos a morir vivos.

miércoles, 1 de junio de 2011

Sólo hay una salida para un callejón sin salida

   Sé lo que estás pensando..


   Así escrito sin más, ya despierta el interés de quién lo lee. Ese es el planteamiento inicial del libro titulado de forma homónima a la primera frase. Éxito de ventas en todas las listas de los principales países y con el beneplácito de la crítica y lectores, estamos ante una nueva entrega de novela negra, una obra detectivesca al estilo yanki. Esta claro que el público responde bien a este tipo de historias, y por ello su novel autor John Verdon se ha acogido a este género para hacer su debút.

   David Gurney es un brillante y famoso detective que tras una notable carrera policial, siendo el artífice de la captura de numerosos serial killers ha decidido retirarse. Pero su retiro no será tan plácido como él creía, en parte porque su mente privilegiada necesita estar enfrascada continuamente en resolver enrevesados enigmas y en parte porque un antiguo compañero de universidad solicita su ayuda tras recibir una serie de anónimos amenazadores que entre otras cosas, parece indicar que el autor de los mismos puede leer la mente de su receptor. Con esta consigna, Gurney y el lector entrarán en una barahúnda de asesinatos, interrogatorios, sospechosos y acertijos en una carrera frenética por descubrir y atrapar al culpable.



   Una vez más tengo que destacar a los personajes y el ritmo frenético de la novela como lo mejor de la misma. Verdon no se queda en la superficie, y se sumerge a bastante profundidad para presentar a unos sujetos con personalidad propia. Destacan sobretodo los dos protagonistas principales, Gurney y su mujer Madeleine, que se ganan por derecho propio perpetuarse en futuras obras. La motivación y carácter del asesino también están bien definidas, y se esclarecerán a medida que avancemos en la trama, aunque recuerde en algo al terrorífico Norman Bates. No obstante, Gurney me sigue pareciendo un estereotipo de héroe bastante típico. La figura del descollante detective retirado, con un pasado familiar trágico, tan obsesivo con su trabajo que descuida su matrimonio es algo que no es muy original que digamos dentro de la literatura negra anglosajona. Al menos es de agradecer que en este caso no busque la solución de sus problemas en el fondo de una botella.

   Pero sin lugar a dudas, lo que más me ha gustado de la novela es la cadencia con la que transcurre la historia. Prácticamente no hay descansos a lo largo de los capítulos y en todos ellos sucede algo relacionado con la trama principal que evitan que al lector divagar e irse por las ramas. Este hecho hará que acabes relativamente rápido una novela de más de 400 páginas. Sin embargo, el fallo que observo es que determinadas incógnitas que en el libro aparecen como imposibles de resolver, son relativamente sencillas de solucionar para cualquier lector con experiencia. La solución por ejemplo al segundo truco mental que utiliza el asesino para adivinar el número que pensará su víctima se me antoja bastante simple y creo que como yo habrá muchos que adivinarán o intuirán la respuesta.

   En definitiva, estamos ante una buena novela se suspense, de género policíaco, con un inicio fulgurante y atrayente que disminuirá su interés conforme se avance pero que consigue mantener un grado de tensión suficiente para no desmotivar al lector. Si os gusta este tipo de lectura, no os defraudará, pero si buscáis algo más que una buen thriller mejor que sigáis buscando en la estantería otro título. Ahora, quien lo haya leído puede dejar su comentario y su opinión, aunque quizás resulte innecesario pues puede que yo ya sepa lo que estáis pensando...

martes, 3 de mayo de 2011

Cicuta con gusto no mata...

  
   Atenas, cuna de la civilización clásica y actual, disfrutó de sus años más portentosos bajo el mandato de Pericles. Se instauró por vez primera la democracia, débil, pero democracia al fin y al cabo. Se promocionaron las artes y la literatura, los filósofos adiestraban a sus pupilos y la sociedad ateniense prosperaba en su etapa de oro. Tras la muerte de Pericles, la guerra contra Esparta, la peste, los continuos conflictos políticos y la lucha por el poder, hicieron que Atenas entrara en una época decadente y oscura. Este es el marco elegido por Ignacio García-Valiño para su novela Las dos muertes de Sócrates.



   No es en sí una novela histórica, aunque casi todos sus personajes son reales y los acontecimientos que se narran existieron en su mayoría (con alguna que otra licencia del autor). Tampoco podemos enmarcarla dentro de la categoría de novela negra o policíaca, aunque hay un crimen y el protagonista debe resolverlo. La novela en sí es un reflejo de la Grecia Clásica, de cómo vivían sus ciudadanos, de sus temores, de sus miedos, de sus deseos y anhelos, de sus creencias, de sus ideas. García-Valiño construye una obra sin fisuras que nos habla de filosofía, de política y de un sistema democrático que cimentará el actual. Nos cuenta la continua lucha de la mujer por demostrar que no es menos que un hombre, ese feminismo sano que ya tocara Amenábar en Ágora. Encontramos también la historia de un amor imposible y de otro llevado hasta el límite. Sus páginas narran la decadencia de las civilizaciones, el pasado reflejado en el presente, de la dualidad del alma humana. Pero no nos engañemos, el nexo que une todas estas historias, el epicentro de este pequeño seísmo literario es el juicio, condena y muerte de Sócrates.

   Lo mejor de la novela es la forma tan plástica de escribir del autor. Su lenguaje suave y bizantino encaja magníficamente con el ambiente de la novela. Como se diría en el argot carnavalesco, García-Valiño se mete perfectamente en el "tipo". No es fácil recrear diálogos usando a personajes reales tan influyentes y complejos. Hay que documentarse muy bien y entender con claridad la forma de pensar de cada uno y sus personalidades (como dijo Ortega y Gasset "yo soy yo mismo y mis circunstancias"). Por la pluma de García-Valiño desfilarán Aspasia de Mileto, viuda de Pericles, dueña del burdel más famoso y elitista de Atenas y que se nos presenta como la mujer más influyente de su tiempo, Aristófanes el dramaturgo moroso y juerguista, el intrigante Alcibíades, héroe y villano de Atenas y amante de la enigmática hetaira Neóbula (quizás el único personajes inventado), un vengativo y ambicioso Anito y un ambiguo Sócrates visto desde una perspectiva quizás jamás contemplada y que es el mayor acierto de la novela.



   Lo que conocemos sobre la figura de Sócrates, de sus ideas, de sus pensamientos, de su filosofía pero también de su vida y muerte, se lo debemos a los escritos de Platón y Aristóteles fundamentalmente. Partiendo de la idea de que Platón fue su discípulo y que Aristóteles a su vez lo fue de Platón, no es raro hacerse una idea que la visión que dan de su maestro sea bastante sesgada y subjetiva. Sócrates creía en la verdad, en una verdad absoluta que según él se encontraba dentro de cada uno de nosotros. Nunca ambicionó cargo público alguno y ni cobró por sus enseñanzas, pero es cierto que elegía a sus discípulos entre aquellos que podían convertirse en gobernantes u hombres influyentes de la sociedad ateniense. Fue acusado por Anito (víctima del crimen que sucede en la novela) de no creer en los dioses griegos, de corromper y confundir a la juventud y de conspirar en la sombra contra la democracia y Atenas. Sócrates no se defendió (según las crónicas) y se limitó a aceptar su muerte bebiendo cicuta. ¿Fue su muerte una prueba de su inocencia? ¿o se sacrificó para convertirse en un mártir de sus ideas? ¿Por qué rehusó defenderse o incluso fugarse como tuvo la oportunidad de hacerlo? ¿Por qué eligió morir cuando podía perfectamente haber conseguido otra condena más liviana como el exilio? Todas estas interrogantes serán las que intentará descifrar Pródico, verdadero protagonista de la historia. Personaje real, sofista de profesión y por tanto contrario a los conceptos socráticos, dará una visión distinta y peculiar a todos los sucesos que se desencadenarán y en especial a los enigmas anteriormente citados.. ¿Por qué Sócrates bebió la cicuta con agrado? La cicuta le produjo una muerte real al viejo filósofo fisiológicamente hablando, pero evito su otra muerte, la ideológica, la de pasar a la prosperidad por sus ideas y la defensa a ultranza de las mismas. Las dos muertes de Sócrates... ¡Cicuta para todos!


lunes, 25 de abril de 2011

El trabajo os hará libres


   El mal absoluto es la novela más dura que haya leído hasta la fecha.

   Eva Steiger, una joven periodista de investigación de cadena alemana ZDF cuya carrera se encuentra al alza, se propone realizar un documental sobre el período más negro del país germánico: El Tercer Reich. Para ello, se basará en dos entrevistas a dos personajes que vivieron en aquella época y que fueron protagonistas, aunque con roles bien diferenciados. Günter Meissner es un antiguo oficial de las SS de Auschwitz, que se enorgullece de su pasado y describe con increible frialdad las terribles atrocidades que cometió junto a sus camaradas. El otro es Yehuda Weis, un superviviente de Auschwitz, un fantasma testigo en primera persona del episodio más ignominioso del ser humano y que constituye la otra cara de la moneda. La emisión del documental permitirá a Weis identificar en Meissner a su verdugo y encuentra el sentido de su horror vivido, de su pseudoexistencia, como hiciera Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido, sólo que en este caso se trata de venganza.



   La novela de José Luis Muñoz, no puede catalogarse dentro de un género. No estamos ante una novela histórica, ni ante un relato negro o un thriller. Tampoco es un reportaje riguroso o novela periodística, pero al mismo tiempo es todo lo anterior. No es muy larga, algo más de 300 páginas, pero yo la dividiría en dos partes bien diferenciadas como ocurre con la obra culmen de Benigni, La vida es bella. Los primeros 10 capítulos son los más importantes e impresionantes de toda la novela. En ella, se nos describe la preparación del documental y las entrevistas a los dos personajes principales. Cada entrevista abarcará un capítulo completo, siendo los dos capítulos sobre los que girará toda la trama. La segunda parte de la obra, mucho más breve, es la ración más literaria, la acción toma el mando y los acontecimientos se sucederán a velocidad de vértigo en una vorágine destructiva hacia una descenlace final previsible, pero lógico.

   En el manual de todo buen periodista, sin duda encontraremos que el buen profesional debe de mostrarse siempre neutral, sin dejarse llevar por sus sensaciones o sentimientos. En este caso, la periodista Eva Steiger no puede cumplir esta norma, más bien todo lo contrario. Empieza así su caída hasta un estado de agitación de difícil salida. Lo realmente extraordinario de esta novela, es que al lector le ocurre lo mismo que a Steiger cuando la está leyendo. A menos que seas una persona insensible, tan fría como un témpano y poseas un escudo infranqueable, no conseguirás que el estómago se te revuelva con la espeluznantes declaraciones del nazi de los hechos acaecidos en Auschwitz y con su total falta de resentimiento. Pronto, al igual que la joven periodista teutona cobrarás partido por el débil, por el indefenso, por todos esos millones de personas que padecieron el sufrimiento atroz y encontraron la más terrible de las muertes. Steiger sentirá repulsión hacia sí misma por ser alemana, hacia todos sus compatriotas que votaron libremente a Hitler y miraron hacia otro lado ante los crímenes salvajes que se cometieron bajo su mandato. El lector experimentará este odio hacia lo germánico, se preguntará que habría hecho él bajo aquellas circunstancias y en aquél ambiente, y se planteará la duda de si el Holocausto es causa de un grupo de salvajes asesinos sin escrúpulos o de una nación entera que se lo permitió.



   A pesar de ser una novela muy recomendable, no es apta para todos los públicos (absténganse los sensibles). Bebe de fuentes muy relevantes, (la llegada de YehudaAuschwitz recuerda mucho al secreto que guarda celosamente Meryl Streep en La decisión de Sophie, o incluso su paradigma de culpabilidad al ser el juguete de sus verdugos y ocuparse los cadáveres o incluso de la elección de los que tenían que morir nos hace evocar aquella definición del hombre que hizo Dostoievski.. "el ser que se acostumbra a todo") y nos dibuja un boceto de la maldad humana, del mal absoluto. Auschwitz, cuyo lema rezaba "el trabajo os hará libres", fue una fábrica de muerte y barbarie y hoy en día es el ejemplo más clarividente de la ruindad que puede alcanzar el ser humano. Un mal, que por desgracia no es ficticio, pues lo que las páginas de esta novela nos narra es tan duro, como real.


jueves, 21 de abril de 2011

Cojonudamente bueno

  
   Cuenta Carlos Sisí en los agradecimientos de Los Caminantes que su padre le escribió un epígrafe cuando escribió uno de sus primeros cuentos cortos que decía "cojonudamente bueno" en referencia a la continua repetición de la palabra "cojonudo" por parte de los personajes. Ese hecho, dice el autor que le ayudó secretamente a seguir escribiendo, así que moralmente tras haber terminado la lectura de su segunda obra no tengo más remedio que titular este post de esa manera para animar a que el bueno de Carlos nos siga deleitando con sus relatos.



   No es fácil hacer una continuación decente o una segunda parte tan buena como la primera, pero Carlos Sisí pasa la prueba con nota. La imaginación del autor, junto a la llegada de nuevos personajes, transformaciones y evoluciones de los ya conocidos y nuevas situaciones inverosímiles y creíbles al mismo tiempo, volverán a poner a prueba el corazón del lector, que tardará algunos días tras la lectura en eliminar tanta adrenalina. Un problemas más que detectado en las segundas partes es el continuismo. Le pasa por ejemplo a Guillermo del Toro con su Trilogía de la Oscuridad, de la que su segunda parte era notablemente inferior a la primera. En este caso, Sisí no deja que esto suceda y plantea un paso más en las aventuras del grupo de supervivientes de Málaga a la pandemia zombie. 

   Lo mejor de la historia vuelven a ser sus personajes. Se nos muestran desde líderes improvisados que antes de la catástrofe eran personas de lo mas normales, llenos de humanidad, con sus debilidades y sus puntos fuertes y cuyas muertes (de algunos) nos harán sentirlas como reales. También nos encontramos con villanos soberbios, pero que han llegado a ese grado de maldad por alguna razón. Su carisma, su personalidad, su pasado o su locura forjaran héroes o villanos, como el padre Isidro que repite y que vuelve a reinventarse para convertir su figura aún mas en mítica. Pero del blanco al negro, hay una gran variedad de grises. En la novela hay personajes de esos oscuros que pueden mutar de color según pasas las páginas.



   Los Caminantes: Necrópolis es una novela de terror sobre el fenómeno zombie, pero fascinantemente realista. Paradójicamente, no son los revividos lo que más pavor causa al leerla. Esta segunda parte se basa en una criatura mucho más terrorífica que cualquier pandemia por muy terrible que sea: la crueldad humana. Ese instinto tan natural en el ser humano y que muchos piensan que existe en cada uno de nosotros en mayor o menor profundidad, es el que hace sacar los demonios interiores de las personas sometidas a una situación extrema y hacerlos más mortíferos que los muertos vivientes que pueblan las calles ávidos de carne. Este es otro punto original y favorable de la obra de Sisí, esa lucha constante del bien y del mal, esa raya que es tan fácil de cruzar hacia un lado pero que no resulta tan sencillo volver hacia atrás. La batalla entre la luz y la oscuridad que simbolizara George Lucas en su Star Wars, vuelve a escena en la piel de unos supervivientes que pueden afrontar la crisis ayudándose y cooperando mútuamente o simplemente acatando la ley de la selva, la ley del más fuerte y que siguen la doctrina de Heminway "cazo porque, mientras mate o vea matar, no me mataré a mí mismo".

   Carlos Sisi se encuentra ya escribiendo la tercera parte y se supone que conclusiva de la trilogía. Llevará por título Los Caminantes: Hades Nébula y que tras el final impactante de esta segunda parte seguro que será un gran éxito. Aunque el verdadero mérito de este autor es el de haber triunfado con un género que parecía agotado y extinguido. Con su novela, Carlos ha conseguido revivir un género. De repente, sin que nadie fuera capaz de entenderlo (ni los editores tampoco), los muertos volvieron a la vida.


jueves, 7 de abril de 2011

Cultura de cómic

  
   Como ya he comentado en alguna ocasión, soy un fiel seguidor de cómics y tebeos desde mi más tierna infancia. Me gustan de todo tipo, desde los famosos mangas japoneses hasta los más infantiles bruguelianos. Reconozco que cuando me fui a la vecchia Italia, fue gracias a Son Goku que empecé a entonar mis primeras palabras en italiano. Ya había visto la serie y por tanto no me fue difícil seguir el manga de Dragon Ball en un idioma desconocido para mí, si bien las primeras frases que consegí articular eran de poca utilidad (como por ejemplo "Te destruiré maldito Sajian" o "Concentraré mi energía en una última Kamehame..."). Después, me pasaría a las novelas, pero este preludio me hizo descubrir una cultura que en países como España carecemos: la cultura del cómic.





   Realmente dibujar un buen cómic es todo un arte. En países como Japón, EEUU o Italia, los autores son conocidícimos, y disfrutan de un estatus privilegiado. Puedes encontrar cómics de la Marvel, mangas de última tirada o cómics patrios en prácticamente cualquier kiosko. Aquí sin embargo, si te sales de Mortadelo, te puedes dar con un canto en los dientes para hallar otra cosa. Es cierto que existen tiendas especializadas, pero son escasas y difíciles de encontrar. Además, su exclusividad hace que el precio también sea un obstáculo. No obstante, gracias a la globalización de internet, ahora los fans de las viñetas tenemos más accesible el acceso a este mundillo.



   Cuando regresé del país de la pasta, estaba leyendo un nuevo manga llamado Shaman King, dónde un adolescente con habilidad de conectar este mundo con el más allá, deberá enfrentarse a multitud de desafíos para conventirse en el shaman más legendario. No sé, la verdad, si fue publicado en su totalidad aquí en nuestro país o si llegaron a pasar el anime por televisión, pero si lo hizo fue un paso fugaz y de puntillas. Tanto es así, que he encontrado la colección completa en la red escaneada y traducida al castellano por seguidores de la serie y de los cómics en general. Ya la tengo en mi iphone, y cuando tengo tiempo libre avanzo un poco más en la historia (auque reconozco que no es lo mismo que disfrutarlo en papel pero qué le vamos a hacer). Ya os comentaré algo al terminarla, pues también tengo a medias la segunda parte de las aventuras de los zombies malagueños y completar la nueva y terrorífica aventura de John Marston.



miércoles, 23 de marzo de 2011

La verdad dormida

   
   En Canfranc, un pueblo del alto pirineo aragonés, muere Germán Horno, no sin antes dejar bajo secreto de confesión a un joven sacerdote recién llegado una tarea más complicada de lo que realmente aparenta. Tras el fallecimiento, se descubrirá que en realidad el difunto se llamaba Hernan Horns y era el capitán de las temibles SS que ejercía como jefe de la frontera entre la España "amiga" de Alemania y la Francia ocupada en la Segunda Guerra Mundial. Junto al cuerpo inerte del capitán, encuentran innumerables obras de arte y objetos valiosos obtenidos tras el gran expolio nazi. Entre ellas, destacará un cuadro que oculta un secreto ansiadamente buscado por el mismísimo Hitler. El temor de que existan documentos que puedan salir a la luz y que impliquen a personas de las altas esferas que se enriquecieron a costa de las atrocidades y tropelías que cometieron los ejércitos del Tercer Reich, hacen movilizarse de inmediato a los servicios secretos del Vaticano, a sicarios de los bajos fondos contratados por empresas importantes, a la policía e incluso a gobiernos. Con este cóctel, mezcla de suspense, historia e intriga, se nos presenta el último libro de José Luis Galar, La frontera dormida.



   La novela es muy original a pesár de recurrir a algún tópico como son secretos increíbles en pinturas o la herencia nazi. Sin embargo, Galar trata el tema como bien nos tiene habituados: una escritura elegante, con una trama que resulta interesante y entretenida. Destacan antetodo los personajes, que se nos presentan en ese tono gris (ni blanco ni negro) que tanto gusta al autor. Los personajes atraviesan aguas tibias, pasando de ángel a demonio entre capítulos y no llegando a definirse como tal al final del libro. La documentación y ambientación histórica es notable, mostrándonos una variante de los hechos acaecidos durante la segunda gran guerra no tan conocida.

   La historia es breve, y ahí podemos encontrar tanto un punto a favor como uno en contra. Por un lado, se agradece que Galar no se vaya por las ramas, adornando cada párrafo con tal de extirar al máximo la novela. Es un libro que terminará en el momento apropiado, sin que te provoque la sensación de cansancio o aburrimiento que suelen aparecer con las narraciones dilatadas que no llevan a ninguna parte. No obstante, el final de la obra me ha parecido muy precipitado en sus acontecimientos, como si el autor tuviera prisa por terminarlo. Es una lástima que una trama tan bien compuesta y llevada, finalice con ese tornado imparable de suscesos en tan pocas páginas. El final está bien, no me malinterpreten, pero es la forma lo que quizás le resta valor.

   No puedo más que recomendar su lectura para los ávidos de intriga histórica y que sepan apreciar una buena novela. Galar nos desvela con maestría y con un ritmo adecuado, esos espisodios ocultos que bien pudo suceder en las fronteras controladas por el Eje, gracias a la entente entre Hitler y Franco, y que permanecen aún "dormidos".

martes, 15 de marzo de 2011

No me extraña que el ángel se perdiese

   
   Que conste que aprecio a Javier Sierra al que siempre he seguido como colaborador de Milenio 3 y sus reportajes de investigación, pero no puedo mirar para otro lado y hacer una crítica favorable de su última novela El ángel perdido. Tras su éxito con La cena secreta (no la he leído) todo el mundillo literario esperaba la salida de esta obra, si bien creo que se han encontrado de bruces con una gran decepción.


   Empezando por el titulo, con bastante similitud a la última aventura del profesor Langdon (El símbolo perdido) y que peca de la misma falta.. ¿porqué ese título? esta es la pregunta que cualquier lector que se haya leído los dos libros puede llegar a hacerse sin encontrar una respuesta esclarecedora. La novela que Sierra propone es una mezcla de esoterismo con ciencia y religión, un género muy de moda y poco arriesgado. Sin embargo para ofrecer un buen producto hay que combinarlos de una manera ordenada y no de la forma tan caótica como se ha hecho en este caso.



   El ángel perdido viene a ser un relato dónde abundan datos, más datos y al final más datos. Prácticamente el apartado literario brilla por su ausencia dejando paso a continuas leyendas de diversa índole (cristianas, indias, sumerias, armenias, budistas, etc) y un sin fin de interminables y liosos relatos que no harán más que confundir al lector y perderlo en una mar de dudas a medida que las páginas van cayendo (de ahí el título del post). Sinceramente no puedo más que alabar la labor de documentación y la vasta cultura de Javier Sierra, pero eso no basta para hacer una buena novela. El bombardeo continuo de reseñas y referencias incluidas en el libro hacen que te plantees en alguna ocasión si estás leyendo una novela o un artículo de investigación. Además la trama ficticia me ha resultado insulsa y predecible. Casi desde el principio adivinas el final de la historia, que por otra parte la componen unos personajes fríos, distantes, que no dan sensación que puedan existir en la realidad. Si además le añadimos unas connotaciones de magia, rituales, sectas, tradiciones, y los dichosos servicios de espionaje estadounidenses dónde cada agencia además de competir con sus enemigos lo hacen entre ellas (la NSA, la CIA, el FBI o el mismísimo presidente) no hacen sino aumentar la complejidad de este cóctel.

   Todo girará en torno a la figura de Julia Álvarez, una restauradora gallega que se verá envuelta en una intriga a raiz del secuestro de su marido y dónde irán apareciendo los restos del Arca de Noé, las versiones del Diluvio Universal, unas piedras que sirven para hablar con Dios, ángeles mezclados con humanos, tormentas solares catastróficas, etc, que determinarán no sólo el futuro de Julia sino el de todo el planeta y de la galaxia incluso. Esta odisea nos llevará desde Galicia y su Costa da Morte hasta la frontera de Turquía con Armenia dónde reina el monte Ararat (lugar dónde se supone que Noe encayó su nave). Un dato curioso es que Javier Sierra ascendió la cima de la llamada Montaña del Dolor para poder describir bien las escenas finales de su novela que se desarrollarían allí. Sin embargo, no he podido encontrar entre las líneas escritas por el autor ninguna descripción particular avenida por esa experiencia. Para decir que en una cima de más de 5.000 metros de altitud hay fuerte viento, nieve, ventisca y frío, sinceramente no hacía falta un reconocimiento del terreno tan exhaustivo.



   En definitiva, El ángel perdido podría pasar por una novela juvenil si no fuese tan confusa o engorrosa. Contiene todos sus ingredientes, una pizca de misterio milenario, otra de ciencia, otra de mitos religiosos y conspiraciones danbrownescas y un poquito de magia rowinglliana. Sin embargo no pasa de ser una obra que puede resultar entretenida a ratos, pero que carece de alma. Y esto resulta curioso cuando precisamente la obra nos habla de ángeles.